OBRAS COMPLETAS DE JOSE CARLOS MARIATEGUI

FIGURAS Y ASPECTOS DE LA VIDA MUNDIAL III

 

       

GRAN BRETAÑA CONTRA EL PLAN YOUNG*

 

El plan Dawes constituyó un arreglo pro­visorio de la cuestión de las reparaciones. El año de 1923 había señalado la extrema exacer­bación de este problema con la ocupación del territorio del Ruhr. Ese año había marcado también, después de una vigorosa ofensiva, el retroceso de las fuerzas proletarias. El Occiden­te capitalista había visto demasiado cercana la amenaza de la revolución en Alemania para des­conocer la necesidad de una política de compro­miso. Francia, —fracasada la empresa del Ruhr como medio de obtener de Alemania la satisfac­ción de sus obligaciones financieras—, se avino, bajo la instancia de Inglaterra y Estados Unidos, a una fórmula transaccional. Alemania, en ban­carrota, solicitaba nuevos plazos, ayuda financiera. Si no se quería arrostrar los peligros de una crisis más grave aun, había que concedérselos. 1924 robusteció y consolidó definitivamente los elementos de la estabilización capitalista. Fue, por esto mismo, el año de la primera vic­toria de los laboristas en Inglaterra y de la de­rrota de Poincaré en Francia. El plan Dawes aportó la solución temporal de la crisis de las reparaciones. Estados Unidos, por intermedio de sus banqueros, asumía una función decisiva en la normalización de la economía europea, impo­niendo a todos, como condición de su asisten­cia, vale decir de sus créditos, la renuncia de todo empeño agresivo e intransigente que pudie­se significar un riesgo para el orden demobur­gués.

El plan Young, sometido a la deliberación de la actual Conferencia de Reparaciones de La Haya, y al que el gobierno inglés, con el discurso de Snowden, acaba de retirar su asentimiento, tiene por objeto resolver definitiva e integralmente el problema de las reparaciones, estable­ciendo no sólo la escala de los pagos de Alema­nia a los aliados, a partir del 1° de Setiembre próximo, sino también las facilitaciones que se podían otorgar al Reich en caso de que transito­riamente no le fuese posible cumplir sus obliga­ciones sin desastrosas consecuencias en el cur­so de su moneda, los derechos de cada una de las potencias aliadas sobre las entregas en dine­ro y especies, las relaciones entre la amortiza­ción de la deuda alemana y la de las deudas aliadas, etc.

Que la Gran Bretaña, conciliadora en 1924, cuando le tocaba propiciar y conseguir el acuer­do entre Alemania y Francia, rehúse ahora, en términos inesperados, su consentimiento a la en­trada en vigor del plan de los expertos financieros, tal como está concebido, no es tan inexpli­cable como a primera vista puede parecer. En estos cinco años de vigencia del plan Dawes, el conflicto entre los intereses del Imperio Británico y los Estados Unidos no ha cesado de acentuarse. Las consecuencias del crecimiento y expansión norteamericanas, han evidenciado prácticamente el irreductible antagonismo entre ambos imperios. El reactivamiento de la industria alemana, a la que se asocia en vasta escala el capital yanqui, resucita, por otra parte, en cierta medida, la rivalidad que engendró la guerra de 1914. La prosperidad industrial de Alemania, no es posible sin daño para las exportaciones británicas. Francia y Alemania, desde antes del coloquio Briand-Stresseman que precedió a Locarno, han empezado a considerar su mutua necesidad de cooperación económica. Los intereses metalúrgicos iniciaron un acuerdo, una colaboración, que los diálogos diplomáticos se han limitado a traducir a un lenguaje político. El plan del comité de expertos de 1929 no tiene, en fin, una fisonomía menos norteamericana que el del comité de expertos de 1924. Mr. Owen D. Young, un norteamericano, ha presidido las labores del comité y dado su nombre al dictamen. El mecanismo de las reparaciones que en el plan Dawes conservaba un carácter político o administrativo, en el plan Young adquiere un carácter netamente financiero. Se crea un banco especial, constituido por los bancos centrales de los siete países del comité de reparaciones, con un capital de 100'000,000 de dólares, para todas las operaciones concernientes al movimiento y distribución de las anualidades. Un banco; esto es el organismo más del gusto del país que ensancha incesantemente en el mundo su radio y su poder de prestamista y que actúa su política a través de sus institutos financieros más bien que a través de sus embajadas y departamentos administrativos.

Inglaterra se estima excesivamente sacrificada por el plan Young a los intereses de sus ex-aliados y de Alemania. Halla, sin duda, dema­siado favorecidas a Francia, país al cual el comi­té de expertos reconoce derechos preferenciales. El plan, con el objeto de asegurar la necesaria elasticidad a, los plazos dentro de los cuales, de­ben efectuarse los pagos de Alemania, distingue dos anualidades, una incondicional y otra diferi­ble. Y de la anualidad incondicional de 660 millo­nes de marcos, asigna ,a Francia 500 millones, con la obligación para este país de constituir un fondo de garantía destinado a cubrir las dife­rencias que resultasen de una suspensión en el pago de la parte diferible de la cuota anual. El plan Dawes. estableció el pago en mercaderías; el plan Young lo mantiene por diez años. Ingla­terra, obligada a recibir parte de estas merca­derías, siente repercutir esta facilitación en su crisis industrial. El problema de las reparacio­nes se complica, bajo este aspecto, con el pro­blema de su industria.

El cable anuncia que al golpe de escena de Snowden o, mejor, del gobierno británico, pues­to que Ramsay Mac Donald ampara plenamente los puntos de vista de su Ministro de Finanzas, ha seguido un período de tregua, en el curso del cual se negociará un arreglo. Pero, a este respec­to, la conclusión del informe de los expertos impone una seria reserva. Como sus predecesores del comité Dawes, los peritos del comité Young advierten: "Consideramos nuestro informe como un todo indivisible. Estimamos que no es posi­ble llegar a un resultado feliz adoptando ciertas recomendaciones y descartando las otras".

 

 


NOTAS:

* Publicado en Mundial, Lima, 15 de Agosto de 1929. Con es­tas notas inició J.C.M. su sección "Lo que el cable no di­ce", precedida de las siguientes líneas de introducción de Mundial:

"Y no es, precisamente, que la censura oficie de cancer­bero. El laconismo del cable lo imponen mil otras circuns­tancias materiales y de tiempo. Nos da la noticia escueta. Seca. Es el esquema de la realidad que el lector completa. Pero, por lo mismo, se requiere un hombre que sepa am­pliar, con el comentario sesudo y verídico, lo que la no­ticia nos da sin más detalles. Este raro sentido de la noti­cia, gracia de la que están tocados muy raros seres sobre la tierra, es un don permanente de uno de nuestros prime­ros periodistas: José Carlos Mariátegui. El querido colega que conoce, más allá de los colores y la configuración, aden­tro de la corteza, el mapa político e intelectual del mundo, va a decirnos, inaugurando desde ahora la sección "Lo que el cable no dice". Nadie más capacitado para divulgar en la masa de lectores lo que expresan las informaciones coti­dianas. José Carlos Mariátegui que es un trabajador infati­gable, que en el puente de su nave heroica, otea los buenos tiempos de la humanidad, hablará, desde Mundial, de lo que, al través del lente noticioso, descubren sus ojos de vigía alerta siempre a la verdad": (N. de los E.)